sábado, abril 12, 2008

NO ES LA PRIMERA VEZ QUE SUCEDE

Declaran su muerte cerebral y despertó minutos antes de que le extirparan sus órganos vitales que serían donados a otros pacientes...

Una pila de libros científicos argumentan a favor de la donación de órganos para salvar otras vidas, lo que me parece loable, plausible, humano y muy lógico, pero nada se dice de los riesgos ciertos, comprobados, de matar a unos para salvar a otros.

Conozco personalmente un caso, el de un muchachito cuyas iniciales son J. A., al que unos años atrás, en un hospital del conurbano bonaerense, le diagnosticaron muerte cerebral y con gran premura querían retirarle sus órganos. Su madre y hermanos se negaron a entregarse tan fácilmente y decidieron trasladar al paciente a otro nosocomio, donde lo asistieron con gran dedicación y a las pocas horas el chico recuperó la conciencia y hoy está disfrutando de la vida que por poco le roban. No se trata de un cuento, chisme o trascendido, sino de un hecho real referido directamente por sus protagonistas a quienes aprecio profundamente.

En términos de matar a unos para salvar a otros, ¿podemos decir que estamos hablando de donación? Por supuesto que no, de ninguna manera. Por eso la ciencia médica tendrá que mejorar los métodos de comprobación de muerte cerebral, precisamente para evitar que los cirujanos se conviertan en asesinos.

Antes de proseguir reitero que me parece muy importante y trascendente la donación de órganos, siempre que se enmarque en un ámbito de altísimo respeto y cuidado por la vida, incluida la del potencial donante.

Los invito a leer una noticia reciente proveniente de USA. No pierdan detalle, por favor.


El caso Zack Dunlap

OKLAHOMA, 28 Marzo de 2008 (ACI).- Un joven de 21 años ha sido protagonista de una sorprendente historia en Estados Unidos. Sufrió un grave accidente, los médicos que lo trataban declararon su muerte cerebral, pero despertó poco antes de que le extirparan los órganos vitales que serían donados a otros pacientes.

Zack Dunlap explica que no recuerda el accidente, pero sí haber oído al doctor que lo declaró muerto. “Lo escuché y me volví loco por dentro”, comentó el muchacho de Oklahoma, en el programa Dateline de la cadena estadounidense NBC que lo entrevistó junto a sus padres y su hermana Casey.

Las pruebas iniciales tras el accidente mostraban que no había habido flujo de sangre en el cerebro de Zack, y los doctores determinaron que se trataba de alguien con muerte cerebral.

Tras la decisión, se informó a la familia Dunlap. Mientras ellos se dirigían a despedirse del hijo al que creían fallecido, un equipo se preparaba para extraer los órganos que servirían para transplantes en otros pacientes.

Dan Coffin, un primo de Zack y además enfermero, miró el monitor que daba cuenta de los signos vitales del joven y pensó que había cierta mejoría. Sacó su pequeña cuchilla de bolsillo y la pasó por una planta de los pies del muchacho. Dunlap la arqueó, pero para la enfermera encargada era solo un movimiento reflejo. Coffin intentó luego otra prueba con las manos, lo que hizo que Zack cruzara uno de sus brazos sobre el otro, clara señal de actividad cerebral.

De vuelta a la vida

Inmediatamente los médicos retomaron el tratamiento médico. Dos días después le retiraron el respirador artificial y al cabo de cinco días Zack pudo despertar y mirar a su alrededor. Una semana después comenzó a responderle a su neurocirujano y a decir sus primeras palabras.

El cirujano de Zack afirma que no existe explicación médica para su recuperación, dado que todos los procedimientos se siguieron adecuadamente. El resto del personal del hospital a cargo de Dunlap concuerda con esta opinión: todas las pruebas habían sido precisas y se habrían dado cuenta de la existencia de signos vitales en el joven antes de sacarle cualquier órgano. Fin de la noticia


Me pregunto: ¿Se toman en consideración los casos de recuperación como el de Zack Dunlap, cuando los equipos médicos deciden extirpar órganos a pacientes supuestamente fallecidos? ¿O se los considera excepciones irrepetibles?

Cada excepción constituye una vida recuperada, lo que debería inspirar a los médicos para decidir y actuar con absoluta precisión. La Medicina, al decir de muchos profesionales del área, no es una ciencia exacta, es verdad, lo admito, pero tampoco una ruleta, porque lo que está en juego son vidas humanas, no fichas de casino...

Matías Alonso

(Desde Olivos, Buenos Aires, Argentina)

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jueves, marzo 20, 2008

¡ EXISTEN !

Eran aproximadamente las 21:30 hs., fui a sacar la basura pues a las 22:00 pasan los recolectores. Como siempre, miré el cielo y esta vez me llamó la atención verlo cubierto de nubes rojas, o sea que el firmamento tenía enteramente un color rosado rojizo. De pronto apareció un aro gigante, como un anillo de luz muy blanca, brillantísima...

Me quedé boquiabierta, porque era hermosa esa blancura resaltando en lo rojizo del cielo. Pensé: será la luna detrás de la nube, pero... ¿por qué ese anillo perfecto y además mucho más amplio de lo que podría ser el resplandor de la luna?

Continué observando y de repente fue como si el aro luminoso se desplazara hacia uno y otro lado, hasta esfumarse como por arte de magia. Y a una distancia bastante grande de dónde se había formado ese aro, surgieron manchones muy blancos y luminosos. El espectáculo duró unos instantes y luego todo desapareció. Fue algo tan hermoso que me hubiese gustado plasmarlo en una fotografía.

En el momento que observé esa maravilla llamé a mi esposo para que se acercara a ver, pero no le dio importancia...

¿Por qué cuento esto? Porque enseguida me dije “parece una nube luminosa”. Y eso fue lo que observé en julio del año 1978. Algo tan espectacular que me hizo suponer que se trataba de una nube luminosa, pero después les dije a mis familiares: ¿no sería una flotilla de platos voladores? Me dijeron que estaba loca.

Al otro día, todos los medios difundieron la noticia de que una flotilla de naves no identificadas, con apariencia de nube iluminada, había sido observada sobrevolando varias zonas del Gran Buenos Aires.

Esta noche me acordé de aquel día, y después de pasado ese momento me senté frente a la computadora y no sé por qué me dirigí directamente al blog Nuevo Sol, donde me encontré con el artículo “¿ Existen o no ?”, casualidad que me llenó de sorpresa...

F. L. T.

(Desde Gran Buenos Aires, Argentina)

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jueves, febrero 14, 2008

NO ESTAMOS SOLOS



¿Pueden creer ustedes que millones y millones de sistemas planetarios similares al nuestro estén deshabitados, nada más allá en lo alto para alegrarnos los ojos en las noches?

¿Qué nos hace pensar que somos únicos?

¿Y por qué casi siempre tomamos como base de nuestras opiniones sobre los desplazamientos de Vehículos Extraterrestres Dirigidos la tecnología terrestre?

Que el tema OVNI (UFO) sea encarado actualmente con liviandad y burla en la mayoría de los medios masivos de comunicación es, cuando menos, patético.

Nadie pretende que nos convirtamos en crédulos ingenuos, pero tampoco en ridículos negadores de una posibilidad que es, a mi entender, la más lógica y natural.

Ni hacer una religión de estos hechos ni descalificarlos porque sí.

En mi país existe mucha documentación al respecto, con abundantes fotografías y videos, todo avalado por testigos intachables.

Por eso creo que ha llegado el instante de crecer, despegar de esta especie de adolescencia pertinaz que afecta a millones de adultos y observar con madurez y seriedad la infinita realidad que nos rodea...

Amanda Eleuteria Cornejo

(Desde Valparaíso, Chile)


Datos del Video:

Investigación preliminar efectuada por el Dr. Anthony Choy sobre el primer avistamiento OVNI de caracter masivo grabado en video en Perú.

En este video se pueden observar alrededor de 2,000 a 3,000 objetos físicos, supuestamente de origen desconocido, en pleno centro de Lima.

El hecho se registró el domingo 20 de mayo del 2007, aproximadamente desde el mediodia, con una duración de más o menos dos horas según testigos.

Fue grabado casualmente por una productora de videos de reconocido prestigio en el campo de los videoclips musicales.

Un fragmento del video ha sido contrastado para que puedan apreciarse las esferas más lejanas, aunque en formato de reproducción pequeño se pierde un poco el detalle.

Existe una hipótesis no comprobada ni descartada, de que podría tratarse de globos de helio en condiciones meteorológicas especiales.

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martes, abril 10, 2007

PADRE PIO DE PIETRELCINA



Este pastor de almas tan excepcional, venerado por millones de creyentes en el mundo entero, experimentó en cuerpo y espíritu la acción directa de lo Sobrenatural, al extremo de provocar involuntariamente, en el seno mismo de la Iglesia, apasionadas reacciones que más tarde derivaron en profundos debates y replanteos con final feliz.






BIOGRAFÍA

Nació el 25 de Mayo de 1887 en Pietrelcina, provincia de Benevento, Campania, Italia meridional. Fue registrado como Francesco Forgione, hijo de Horacio Forgione y María Giuseppa. Su infancia transcurrió en un ámbito humilde, pero, como él mismo dijera más adelante, sin jamás carecer de nada.

Desde pequeño se destacó por su gran sensibilidad y espiritualidad. Recibió el Bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación en la Iglesia Santa María de los Ángeles, donde a los cinco años se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús y, poco después de tan singular episodio, comenzó a experimentar apariciones de la Virgen María, que durarían por el resto de su existencia terrenal.

En Enero de 1903 ingresó a la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, en Morcone, Benevento. El día anterior de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En tal visión Jesús posó su mano en el hombro de Francisco, en claro gesto de apoyo para que continuara adelante con fuerza y decisión. A su vez, la Virgen María le habló con voz suave y dulcemente maternal, penetrando en lo más profundo de su alma.

Fue ordenado sacerdote el 10 de Agosto de 1910 en la Catedral de Benevento. En Febrero de ese año se estableció en San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su fallecimiento, el 23 de Setiembre de 1968.

Había transcurrido escaso tiempo desde su ordenación, cuando le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios. Para ayudarlo a recuperar su salud es enviado a Pietrelcina, su pueblo natal. Luego de ocho años de sacerdocio, el 20 de Setiembre de 1918, recibe los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo en sus manos, pies y costado izquierdo.

Convertido en el primer sacerdote estigmatizado, escribe una carta a su director espiritual en la que describe su reciente experiencia: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”.

Psiquiatras, psicólogos y hasta parapsicólogos se han sentido atraídos por este aspecto tan particular del Padre Pío, lo que explica que varias teorías estén circulando en los ámbitos especializados, intentando explicaciones científicas para hechos que quizás superan ampliamente la capacidad humana de comprensión. El enfoque de este artículo, si bien guardo gran respeto por la Ciencia y los científicos, es absolutamente religioso, aunque no por ello ciego o sordo a evidencias o pruebas que pudieran hacerme cambiar de opinión, algo que dudo llegue algún día a suceder.

En el año 1940, el Padre Pío proyectó un hospital que se denominó “Casa del Alivio del Sufrimiento”, cuya construcción culminó en 1956 y fue, sin duda alguna, el más importante del sur de Italia.

El 20 de Septiembre de 1968 cumplió cincuenta años de haber recibido por primera vez los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo, y en dicha ocasión el Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar habían sido colocadas cincuenta grandes macetas con rosas rojas por sus cincuenta años de sangre.

A los dos días, murmurando por largas horas ¡Jesús, María!, muere el Padre Pío, el 22 de Septiembre de 1968. Los presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración, hasta que luego estallaron en largo e irrefrenable llanto.

El funeral fue impresionante y se hizo necesario esperar cuatro días para que la multitud de personas pasaran a despedirse. Se calcula que más de cien mil fueron los fieles que participaron del entierro.

Al morir el Padre Pío le desaparecieron los estigmas, lo que confirma el origen místico y sobrenatural de los mismos.

Infinidad de milagros, conversiones y hechos de similar relevancia, producidos por la intercesión del Padre Pío, fueron informados oficialmente a la Santa Sede.

El 18 de Diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II pronunció venerable al Padre Pío. Si bien este paso no es tan ceremonioso como la beatificación y canonización, representa ciertamente la parte más importante del proceso.

Fue beatificado por su S.S. Juan Pablo II el 2 de Mayo de 1999, en una solemne Concelebración Eucarística en la Plaza San Pedro.

El 16 de Junio del 2002 fue declarado San Pío de Pietrelcina en presencia de S.S. Juan Pablo II, en una solemne misa en la Plaza San Pedro.


HOMILÍA DEL PAPA JUAN PABLO II EN LA CEREMONIA DE CANONIZACIÓN DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA

1. “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos, que acabamos de escuchar, nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta celebración. Podemos, de hecho, considerarlas en un cierto sentido como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del “yugo” evoca las muchas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán dulce es el “yugo” de Cristo y cuán ligera es su carga, cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se adentra en perspectivas de un bien más grande, solamente conocido por el Señor.

2. “En cuanto a mí... ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!” (Gálatas 6, 14).

¿No es quizá precisamente la “gloria de la Cruz” la que más resplandece en el padre Pío? ¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia, buscó siempre una mayor conformidad con el Crucificado, teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar con la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la Cruz, no se puede comprender su santidad.

En el plan de Dios, la Cruz constituye el auténtico instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino explícitamente propuesto por el Señor a cuantos quieren seguirle (Cf. Marcos 16, 24). Lo comprendió bien el santo fraile de Gargano, quien, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribía: “Para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino Jefe, quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que él siguió, el de la abnegación y la Cruz” (Epistolario II, p. 155).

3. “Yo soy el Señor que actúa con misericordia” (Jeremías 9, 23).

El padre Pío ha sido generoso dispensador de la misericordia divina, ofreciendo su disponibilidad a todos, a través de la acogida, la dirección espiritual, y especialmente a través de la administración del sacramento de la Penitencia. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos característicos de su apostolado, atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Incluso cuando el singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, éstos, una vez tomada conciencia de la gravedad del pecado, y sinceramente arrepentidos, casi siempre regresaban para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Que su ejemplo anime a los sacerdotes a cumplir con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante hoy, como he querido confirmar en la Carta a los Sacerdotes con motivo del pasado Jueves Santo.

4. “Tú eres, Señor, mi único bien”.

Es lo que hemos cantado en el Salmo Responsorial. Con estas palabras, el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual, se encuentra en esa íntima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas transcurridas en oración. Le gustaba repetir: “Soy un pobre fraile que reza”, convencido de que “la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios”. Esta característica fundamental de su espiritualidad continua en los “Grupos de Oración” que él fundó, y que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad caritativa de la que es expresión extraordinaria la “Casa de Alivio del Sufrimiento”. Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos.

5. “Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque... estas cosas... las has revelado a los pequeños” (Mateo 11, 25).

Qué apropiadas parecen estas palabras de Jesús, cuando se te aplican a ti, humilde y amado, padre Pío.

Enséñanos también a nosotros, te pedimos, la humildad del corazón para formar parte de los pequeños del Evangelio, a quienes el Padre les ha prometido revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca, seguros de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe capaz de reconocer con prontitud en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria bienaventurada, donde esperamos llegar también nosotros para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡Amén!


APARICIONES Y ALMAS DEL PURGATORIO

Como ya hemos dicho, el Padre Pío comenzó desde muy joven a experimentar hechos de origen sobrenatural. Las apariciones eran, para el pequeño Francesco, algo nada extraordinario, pues él creía que a todos les ocurría. Por eso nunca hizo referencia a las mismas.

Dichas apariciones eran de Ángeles, de Santos, de Jesús, de la Virgen, aunque a menudo, también de demonios.

A finales de Diciembre de 1902, mientras estaba meditando sobre su vocación, Francesco tuvo una visión que varios años después describió así:

“Vi a mi lado a un hombre majestuoso de rara belleza, resplandeciente como el sol, que me tomó por la mano y me animó con la precisa invitación: ‘Vienes conmigo porque te conviene combatir de bravo guerrero’ (te conviene luchar contra la tentación, así te haces más fuerte, buen cristiano).

“Fui conducido a un gran campo, entre una multitud de hombres que fue dividida en dos grupos. En una parte habían hombres de rostro guapísimo y cubiertos de vestidos blancos, cándidos como la nieve, de la otra eran como hombres de horroroso aspecto y vestidos de negro, sombríos y oscuros.

“Yo estaba situado entre aquellas dos alas de espectadores y vi venir a mi encuentro un hombre de desmedida altura, tan alto, que podía tocar con la frente las nubes, y con un rostro horroroso. El personaje resplandeciente que estaba a mi lado me exhortó a batirme con el personaje monstruoso. Rogué evitar el furor del extraño personaje, pero aquel ser luminoso no aceptó:

“‘Ánimo (dice Jesús), entra confiado en la lucha (puedes vencer al maligno), avanza atrevidamente que Yo te seré propicio (puedes retar al enemigo que siempre estaré contigo), te ayudaré y no permitiré que él te venza’.

“El combate fue aceptado y resultó terrible. Con la ayuda del personaje luminoso siempre animándome, pude vencer.

“El personaje monstruoso, obligado a huir, se arrastró tras aquella gran multitud de hombres con horroroso aspecto, y entre gritos e imprecaciones, se aturdió. La otra multitud de hombres de vago aspecto, emanó voces de aplauso y laudos al que me asistió en tan áspera batalla.

“El personaje espléndido y luminoso más que el sol, puso sobre mi cabeza victoriosa una corona de rara belleza, que inútil sería describirla. La corona fue retirada por el personaje bueno, el que precisó:

“‘Otra más bonita tengo para ti guardada. Si tú supieras luchar con aquel personaje con el que ahora has combatido. Él siempre volverá al asalto...; combates de bravo y no dudes en mi ayuda... no te asustes por su horrorosa presencia.. Yo estaré cerca de ti, yo siempre te ayudaré, para que tú logres vencerlo’.”


Tal visión fue seguida, luego, de reales batallas con el Diablo. El Padre Pío sostuvo, en efecto, numerosas luchas contra el “enemigo”, con el propósito de liberar las almas de las cadenas de Satanás.


Una tarde, mientras descansaba en una habitación de la planta baja del convento, se le presentó al Padre Pío un hombre envuelto en una negra capa. Sorprendido, el sacerdote le preguntó quién era y qué quería. El desconocido le contó que era un alma del Purgatorio:
“Soy Pietro Di Mauro. He muerto en un incendio el 18 de Septiembre de 1908, en este convento que fuera destinado a un geriátrico luego de la expropiación de los bienes eclesiásticos. Morí entre las llamas, en mi cama de paja, sorprendido en el sueño, justo en esta habitación. Vengo del Purgatorio. El Buen Dios me ha concedido la gracia de veniros a preguntar si podrías ofrecer la Santa Misa de mañana por mi descanso eterno. Gracias a esta Misa podré entrar al Paraíso”.

El Padre Pío aseguró que ofrecería la Santa Misa por su alma.

“Yo quise acompañarlo a la puerta del convento, para despedirlo, y cual sería mi sorpresa que, una vez a mi lado, desapareció repentinamente, por lo que me di verdaderamente cuenta de haber hablado con un difunto", contó el Padre Pío. Y agregó:

“Tengo que decir que regresé al convento muy asustado. Al padre Paolino de Casacalenda, Superior del convento, que percibió mi agitación, le pedí permiso para celebrar la Santa Misa en sufragio de aquella alma necesitada; después, naturalmente, de haberle narrado lo ocurrido".

Tiempo después, el Padre Paulino, despertada su curiosidad, quiso averiguar al respecto. Se dirigió al Despacho del Registro del Ayuntamiento de San Giovanni Rotondo y solicitó permiso para consultar el registro de los fallecidos en el año 1908. Concedida la autorización pudo verificar, por sí mismo, que la narración del Padre Pío se correspondía con la realidad. En el registro relativo a las muertes del mes de Septiembre, el padre Paulino localizó el nombre, el apellido y la causa de la muerte. ¡El 18 de Septiembre de 1908, Pietro Di Mauro verdaderamente murió en el incendio del geriátrico!


PRUEBAS Y TESTIMONIOS

Cientos de personas aseguraron haber visto levitar al Padre Pío mientras celebraba misa. La voz fue corriéndose y las misas del santo se convirtieron en objeto de curiosidad, lo que produjo malestar en las jerarquías eclesiásticas de la jurisdicción.

Se sucedieron órdenes y contraórdenes que tuvieron al santo a veces totalmente alejado de la gente y otras no, hasta que finalmente el amor y confianza de los feligreses lo devolvió definitivamente al Padre Pío al lugar que por vocación había elegido ocupar al servicio de sus hermanos.

Son muchos los relatos que nos hablan de la santidad del Padre Pío, como también los testimonios de personas enfermas curadas por él o recuperadas del mal a una vida de fe y reconciliación con Dios. Pero se necesitarían varios otros artículos, en verdad muchísimos más, para dar cabida a tan vasta documentación existente sobre el particular.

Por tal razón he creído conveniente publicar, como una síntesis de las tantísimas historias relacionadas con la presencia sobrenatural del Padre Pío, la experiencia muy actual y local que, a modo de emocionado testimonio, me ha hecho llegar por carta la señora Roxana Marcela...

Fotografías: Karim y Amin

“En el verano del 2004 viajé con mi hijo a Mar del Plata para trabajar durante la temporada. Allá nos encontramos con mi hermano y su esposa que habían ido a pasear. Ellos, recuerdo, se manifestaron deseosos de conocer la Iglesia San Pío de Pietrelcina y me invitaron a acompañarlos.


“Es una Iglesia muy linda y en la parte de afuera está representado el Padre Pío a tamaño natural. Alrededor hay un canterito y espacio para que las personas puedan subirse a tocar al santo o dejarle flores a través de las aberturas del enrejado de protección.





“Las manos están extendidas con las palmas hacia arriba y sentí necesidad de tocarlas. Son suaves y, aunque al principio no me animaba, comencé a acariciarlas y después no podía dejar de hacerlo.






“Luego ingresamos al templo y en su interior mi hermano comenzó a hablarme sobre el Padre Pío, al que él conocía y yo no.

“En Diciembre de 2006, antes de la fiestas, volví a viajar a la costa, esta vez con mi hijo y un amiguito de él al que aprecio mucho.

“Estaban jugando los chicos a la pelota y les pregunté si querían acompañarme a dar un paseo. Ellos prefirieron quedarse y entonces salí sola a caminar.

“Mi meta era la Iglesia del Padre Pío, pero como no sabía ir sola comencé a pedirle al Santo que él me guiara, pues yo no le preguntaría a nadie.

“Continué caminando confiada y cuando por fin pude ver a pocos metros la Iglesia me emocioné y alegré muchísimo. Me acerqué al santo para agradecerle y nuevamente, mientras rezaba, no podía dejar de acariciar sus manos.

“Al rato escuché el sonido de un automóvil y pensé que era mi mamá. Efectivamente, era ella que de alguna manera intuyó que me encontraría en ese lugar. Más tarde se fue y quedé en la Iglesia un rato más, llorando emocionada...”

El relato continúa, pero creo que lo fundamental está expuesto y alcanza como referencia.


MÁS SOBRE LA IGLESIA SAN PÍO DE PIETRELCINA

Descripciones: Manuel Eduardo
Fotografías: Karim



“Es una hermosa Iglesia, puesta en un barrio cerca de El Faro de Mar del Plata, lugar muy tranquilo y con algunas calles de tierra. Está situada frente a una plaza... ¡y es preciosa !!!”







“Los laterales son muy bonitos y de un lado hay una galería que conduce a una imagen de la Virgen”.










“En la parte posterior tiene algo muy espectacular, todo un vidriado del alto completo de la iglesia, que supongo dejará entrar la luz de cada amanecer”.







Agradecimiento:
Las fotografías de la Iglesia San Pío de Pietrelcina son un aporte generoso de mis amigos Manuel Eduardo y Fátima Nehmi, con la inestimable colaboración profesional de sus hijos Karim, Amin y Helal, a quienes mucho agradezco tan hermoso gesto de amistad y solidaridad.

José Eduardo Marini
(Ilustración de portada y textos)

© 2007 José Eduardo Marini - Hecho el depósito que previene la Ley 11.723
(Desde Buenos Aires, Argentina)

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martes, febrero 27, 2007

DIOSES SIN CIELO II

Cuando leí “DIOSES SIN CIELO” creí que me iba a desmayar, ya que la historia parece una copia de mi propia experiencia...

No conozco al autor del artículo ni a sus amigos tan golpeados por la vida, pero me siento muy cercana a ellos en este momento tan crucial de mi existencia, porque me están ayudando a comprender que la desgracia no se ha cebado conmigo, sino que es algo de lo que nadie en el mundo, por importante o poderoso que sea, está libre.

Nunca la redacción me ha sido fácil, por lo que he dudado bastante en dar este paso, pero mis leales amigos Mónica y Toni me animaron a escribir, asegurándome que los coordinadores del blog se ocuparían de las correcciones necesarias. Agradezco anticipadamente a quienes tengan que luchar con mis errores e incoherencias.

Después de meditarlo un buen rato opté por utilizar un apodo, pues no quiero perjudicar a mi familia haciendo pública mi verdadera identidad. Pido disculpas por esta actitud cobarde, pero no puedo evitarlo, ojalá me comprendan.

Desde muy pequeña amé los espejos y todo lo que reflejara mi propia imagen. Mi padre siempre me reprendía por mi costumbre de pasar horas ensayando poses diferentes ante el espejo. Mi madre, bastante coqueta, prefería restarle importancia al asunto y siempre tenía una palabra de complicidad que me tranquilizaba.

Una noche mis padres discutieron muy fuerte, como jamás los había escuchado antes, diciéndose palabras muy hirientes que me hicieron llorar. Después hubo un largo silencio y al rato escuché la puerta de calle abrirse y cerrarse ruidosamente. Mi papá se había ido de casa para siempre.

Me sentí responsable de lo que había ocurrido, hasta que mi mamá me explicó que yo no tenía culpa de nada, pues el problema era económico. Años después supe que los gastos desmedidos de mi madre en ropa, calzado, cremas, perfumes, peluquería, habían quebrado el equilibrio económico y moral de la familia.

Mi papá nunca más regresó a casa, pero siempre nos vimos con bastante frecuencia hasta que demasiado tempranamente falleció a causa de un infarto. Aún no tenía cincuenta años mi padre cuando partió de esta vida. Yo recién había cumplido la mayoría de edad.

Mi hermano mayor, casado y con dos hijos, tomó las riendas de la casa, pues con la pensión que había dejado mi papá nos era imposible hacer frente a todos los gastos. Más o menos tres meses después mi hermano nos reunió en el comedor y dijo que no podía seguir adelante con semejante responsabilidad, pues mi madre y yo éramos incorregibles gastadoras. Y también se fue de casa dando un portazo.

Mi mamá vivía fascinada por el mundo de las modelos. Creo que ella hubiera querido ser una de esas hermosas figuritas públicas que tanto admiraba. Quizás por eso cuando yo tenía catorce años me llevó en secreto a un instituto especializado para que me convertieran en modelo. Fue otro de los gastos que no se podían sostener sin hacer temblar la billetera de mi padre.

A los diecinueve años me contrataron para hacer gráfica y así mi imagen llegó a ser muy conocida, aunque mi nombre no apareciera en ningún lado. Mi padre vio esas publicidades y me felicitó por lo bien que salía yo en las fotos, pero me aconsejó que pensara en lo efímero de la belleza corporal y que no dejara de cultivarme en otros aspectos. Supe que él tenía razón, pero preferí dedicarme de lleno al excitante mundillo de las pasarelas y la publicidad.

Cuando papá murió yo había cumplido veintiún años y hacia dos que ganaba mi propio salario, sin embargo a mitad del mes ya me quedaba sin un centavo, pues a medida que se avanza en esta profesión se gasta más en ropa, calzado, cosméticos, paseos y las obligaciones sociales propias del medio.

Cuando mi hermano se fue de casa y nos dejó a mamá y a mí con las cuentas que mes a mes se iban acumulando, no supimos qué hacer para salir del problema, hasta que apareció una propuesta laboral que me pareció caída del cielo. Recorrí grandes ciudades del mundo y gané bastante dinero, además de gozar de las mieles del triunfo. A mamá le giraba todos los meses una suma importante para que ella pudiera hacer frente a sus gastos. Fue un tiempo de gloria que creí ganado para siempre.

Los hombres me admiraban y deseaban. Me encantaba que me miraran con sus ojos brillantes de excitación. Tuve varios novios, algunos que fueron conocidos a través de las revistas y programas de televisión y otros que traté de preservar de las miradas del público. Mi mayor culpa, entre tantas que acumulé, fue haber traicionado la confianza de una amiga dejándome seducir por su esposo. Podía haber evitado ese imperdonable error, pero mi ego necesitaba ese “triunfo” y me demostré que con mi hermosura podía avanzar por sobre cualquier sentimiento o vínculo. Las revistas descubrieron mi falta y el tema fue ventilado a los cuatro vientos.

Algunas personas me abucheaban cuando me veían salir de algún set o en plena calle. En un restaurante muy paquete de Puerto Madero me dijeron algo muy fuerte que me hizo llorar. Entonces comencé a darme cuenta de lo que había hecho.

Decidí aceptar una oferta de trabajo muy interesante que me permitiría salir nuevamente del país. Estuve bastante tiempo en el extranjero con relativo éxito, ganando más dinero que antes y sin los apremios que había conocido en el pasado. Así me fui olvidando de mis culpas y me dediqué a buscar la felicidad.

Cuando lo conocí a J. P. en Francia creí que el corazón me estallaría de emoción. Era hermoso, encantador, seductor, el hombre por el que cualquier mujer se derretiría. Yo tomé la iniciativa y le declaré mi amor apasionado. Comenzamos a frecuentarnos hasta que meses después nos fuimos a vivir juntos a su departamento parisino.

Me sentía dueña del mundo, una diosa, alguien superior. Tenía belleza, fama, dinero y un hombre bellísimo que me hacía feliz. ¿Qué más podía desear? El hogar que yo había destruido con mi orgullosa actitud ya era un recuerdo en mi memoria y ni siquiera me afligía pensar en el dolor de mi amiga a la que había traicionado.

Estábamos J. P. y yo en una fiesta en pleno París, compartiendo la lujosa reunión con figuras muy famosas del cine y la televisión, cuando de pronto caí sin sentido al piso. Luego me contaron que todos se reían pensando que yo estaba un poco pasada de copas, pero al ver que no me podían hacer reaccionar optaron por llamar a una ambulancia.

Así comenzó mi camino de dolor, mi calvario, mi purgatorio. Al principio no lo podía creer, me parecía imposible que algo tan tremendo me sucediera a mí, a mí que lo tenía todo y era una diosa. Pero tuve que tragarme el orgullo y aceptar que a la Leucemia nada le importaba mi fama, mi belleza o mi estatus social.

J. P. se portó maravillosamente los primeros meses, pero luego alegó cuestiones laborales y fue desligándose de mí, hasta que un día alguien me comentó en el hospital que mi amado tenía otra mujer.

No pude escapar de la realidad, como había hecho con mi amiga después que la traicioné. Me estaba pasando a mí y no sabía cómo hacer para salir corriendo del horror que se había adueñado de mi vida.

Fue dolorosísimo y un pensamiento comenzó a crecer en mi cabeza: suicidarme. Lo intenté, pero me salvaron en las tres oportunidades.

Casi sin dinero ni amigos volví a mi país para estar con los míos, por lo menos para no sentirme tan sola. Mi madre, a la que no veía personalmente desde hacía bastante tiempo, era una sombra. Creo que ella también estaba aprendiendo la lección.

Me instalé en la casa de mi madre y con ella vivo desde entonces. Mi hermano es una gran persona que desde que volví no ha dejado de mimarme y darme aliento, lo mismo mi cuñada y sobrinitos. Algunos de mis antiguos amigos se acercaron a visitarme y me perdonaron. Mónica y Toni fueron los primeros y a ellos les debo que el resto me aceptara a pesar de mis faltas.

De aquella diosa altiva que envidiaron muchas mujeres en el mundo no queda nada. Ahora soy una pluma en el viento, una condenada esperando el momento final. Tengo miedo, mucho miedo a morir, porque de mi vida hice un desastre y quisiera tener otra oportunidad para por lo menos intentar reparar mis faltas. Los médicos me aconsejan serenidad, mientras intentan lo que pueden para que la enfermedad no me mate.

Cuando leí “DIOSES SIN CIELO” creí que me iba a desmayar, ya que la historia parece una copia de mi propia experiencia, pues aunque algunos detalles no son exactamente iguales, las actitudes y las consecuencias sí.

Espero no haber cansado a nadie con mi relato. Y ojalá que a alguien le sirva para evitar errores de los que no se puede volver...

Golondrina

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(Desde Buenos Aires, Argentina)

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lunes, febrero 19, 2007

DIOSES SIN CIELO

En Occidente el ateísmo crece al mismo ritmo que el orgullo, ya que por lo general los orgullosos no admiten la existencia de alguien o algo superior a ellos...

Muy a menudo leemos o escuchamos frases que merecerían la reprobación de la sociedad en su conjunto, pero que extrañamente son aceptadas y hasta aplaudidas por no pocas personas:

“Tengo el orgullo de haber sido y ser el político más exitoso del país.”

“Es un orgullo para mí vestir la casaca del mejor equipo del mundo.”

“Me llena de orgullo que el público reconozca mi talento.”

¿Qué es el orgullo? Si acudimos al diccionario de la Real Academia Española encontramos la siguiente definición:

Orgullo: arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia.

El orgullo es una espada filosa que provoca heridas profundas e incluso la muerte.

Por orgullo se han enfrentado naciones a lo largo de la historia, sumiendo en el dolor más terrible a millones de personas.

El mismo orgullo que fanatiza a distintos bandos de un mismo país y los convierte en enemigos mutuos irreconciliables.

Las religiones, los deportes, las ideologías políticas, los regionalismos, las culturas, por citar algunos ejemplos, pueden generar odios que avergüenzan a la raza humana.

¡Y nada más que por orgullo!

Orgullo de ser blanco. Orgullo de ser negro. Orgullo de ser amarillo. Orgullo, orgullo, orgullo...

El orgullo es una poderosa tentación que convence con más facilidad a los individuos inmaduros o acomplejados, menos realistas, que pretenden maquillar la verdad a su antojo para no quedar desplazados del centro de la Creación.

Por eso el más leve espacio de poder alcanza para corromper, con el veneno del orgullo, las almas de las personas poco evolucionadas...

A propósito de lo que acabo de afirmar les contaré una historia real que me ha conmovido hondamente, pues la han vivido personas de mi amistad.

Estoy autorizado a publicar este relato por si pudiera serle de utilidad a alguien. Los hechos están reflejados con absoluta precisión, aunque he preferido preservar las verdaderas identidades de los protagonistas.


EL HIJO TAN ESPERADO

Sebastián es una persona de esas que vale la pena tratar. Con él nos conocimos en un retiro espiritual hace unos veinte años y desde entonces forjamos y mantuvimos una amistad sincera que ambos nos esforzamos por honrar.

De su matrimonio nacieron tres hijos, dos mujeres y un varón. Este último, tan esperado, llegó cuando mi amigo había cumplido cuarenta y seis años.

Quizás por ser el único varoncito y el gurrumín de la familia, el chico se convirtió en el centro de atención de todos. ¿Quién se atrevía a negarle algo al pequeño tirano?

Así fue creciendo Julián, rodeado de chiches y caricias, pasando de unos brazos a otros constantemente. Cuando algo no era como él lo deseaba se ponía de muy mal humor o gritaba y pataleaba hasta que su familia le daba el gusto.

Las chicas se casaron y organizaron sus respectivas vidas, no así el chico que en ese entonces apenas era un adolescente.

En un momento dado, Julián le comentó a su padre un proyecto que estaba elaborando en mente. Por entonces el pibe tenía poco más de veinte años. Mi amigo lo escuchó y luego de consultar con su esposa decidió no sólo ayudar a su hijo a cumplir con su idea, sino también acompañarlo.

Hace siete años salieron los tres, Sebastián, su esposa y el hijo, rumbo a Estados Unidos, a la búsqueda de un futuro que el muchacho soñaba como posible.

Desde el país del Norte Sebastián me escribía de tanto en tanto, contándome algunos episodios de sus vidas. Al principio las cosas no resultaron muy fáciles, pero luego de un tiempo el panorama se presentó más alentador.

Así fue que Julián pudo revalidar su título argentino en USA y casi de inmediato recibió una oferta de trabajo temporario que el chico aceptó de inmediato, hasta que luego de un tiempo lo llamaron de la gerencia de personal para decirle que la empresa había decidido nombrarlo encargado de una sección muy importante.

La vida fue tomando otro cariz y meses más tarde del progreso ya comentado se produjo otra novedad en el seno de la familia: Julián les comunicó a sus padres que había decidido irse a vivir con Carolina, hija de un productor de golosinas de esa zona.

La noticia sorprendió a los padres del muchacho, que hasta ese instante nada sabían de los planes de su hijo.

A Sebastián y su esposa comenzaron a pesarle no sólo los años sino la distancia que los separaba de sus hijas y nietos, pero no se animaron a volver a Argentina por temor a incomodar a su hijo.

Julián fue consolidando su situación económica y al mismo tiempo potenciando el orgullo que desde muy pequeño lo acompañaba. Recuerdo algunos mensajes de Sebastián lamentando que su hijo se mostrara tan orgulloso al cabo de ciertos logros.

Hace más o menos tres meses Sebastián y su esposa invitaron a su hijo a almorzar y en el transcurso de la comida se produjo una discusión en torno a las actitudes altaneras del muchacho. Este último no aceptó las cariñosas recriminaciones de sus progenitores y prefirió salir de la casa dando un gran portazo. Fue en vano que los padres quisieran detenerlo.

El joven matrimonio subió a su automóvil y partió a toda velocidad en esa tarde lluviosa de Domingo.

Horas después sonó el teléfono en la casa de Sebastián, donde su esposa no cesaba de llorar. Cuando mi amigo atendió, casi sufre un infarto al escuchar la voz del padre de Carolina decirle en un sollozo: “Le hablo desde el hospital, Sebastián. Los chicos chocaron y están muy graves. Por favor, vengan pronto”.

Al arribar al nosocomio, Sebastián y su esposa se encontraron con otra mala noticia: Carolina no había podido resistir la operación de urgencia que le habían practicado. Los padres de la chica estaban destruidos.

Confundidos y doloridos, Sebastián y su mujer pidieron saber de Julián. El personal del hospital les comunicó que el muchacho estaba en ese momento siendo intervenido quirúrgicamente y que hasta tanto no concluyera la cirugía no podrían arriesgar opinión alguna.

Al finalizar la operación salieron los cirujanos dándoles dos noticias, una buena y otra mala. La buena era que le habían salvado la vida a Julián y la mala... ¡que se habían visto obligados a amputarle ambas piernas por encima de las rodillas...!

Un desastre. Un cataclismo infernal. Culpas y reproches. Incredulidad ante tan grande golpe de la vida. Pero de igual modo debieron afrontar la realidad...

Un mes después de la operación le permitieron a Julián continuar la rehabilitación física y psicológica de manera ambulatoria. Como el muchacho no podía valerse por sí mismo dejaron sin efecto el alquiler de la casa que la parejita había habitado hasta el día del accidente y el paciente fue instalado nuevamente en la vivienda de sus padres.

A los siete días encontraron a Julián muerto en su cama, en medio de un charco de sangre, con las venas de sus muñecas seccionadas. En la mesa de luz estaba un pequeño cuaderno en el que la víctima había escrito unas cartas muy sentidas a sus padres pidiéndoles perdón.

Sebastián me adjuntó los textos recién mencionados, pero no los difundiré por ser estrictamente privados.

A lo que sí me he atrevido es a compartir con ustedes esta experiencia horrible que quizás nos deje alguna enseñanza.

Me he comunicado telefónicamente con la hija menor de Sebastián y me ha informado que su hermana mayor está con los padres en Estados Unidos para acompañarlos cuando éstos puedan terminar de cerrar todos los trámites pendientes y regresar juntos a nuestro país.

Una pesadilla que muy probablemente se hubiera evitado si la sensatez, la cordura y la humildad le hubieran ganado la pulseada al orgullo y a la estupidez, ¿verdad?

Ojalá que el error de Julián no haya sido en vano y valga como alerta para quienes han caído o están a punto de caer en las redes del orgullo...

ModuS ScientiA

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sábado, enero 06, 2007

MENTIRA DESCUBIERTA

El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M. K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en una lectura que efectuó en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres...

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir a una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad. Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller.

Cuando me despedí de mi padre él me dijo: —Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.

Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5:30 p.m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p.m. Él me preguntó con ansiedad: —¿Por qué llegas tarde?

Me sentía mal por eso y no le podía decir que había estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar.

Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller...

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: —Algo no anda bien en la manera como te he criado, puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.

Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados.

No lo podía dejar solo, por eso manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho. Desde entonces decidí que nunca más iba a mentir.

Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso: Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos... ¿hubiese aprendido la lección...?

¡No lo creo! Lo más probable es que luego de sufrir el castigo habría seguido yo haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer. ¡Éste es el poder de la vida sin violencia...!

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viernes, julio 28, 2006

APRENDER A PENSAR

Imaginemos a una persona acostada en una cama, abandonada pasivamente a su suerte, sin estímulos que partiendo de su mente le hicieran modificar su actitud. Al poco tiempo su deterioro físico y psíquico sería tan grande que le acarrearía la muerte. Por eso es tan vital pensar, para poder decidir acertadamente y sobrevivir a los desafíos de este mundo. La historia que leerán es una prueba rotunda de la importancia de aprender a pensar...

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota.

Hace algun tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de Física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: “Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro”. El estudiante había respondido: “Lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio”.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en Física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de Física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: “Tome el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio. Calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la fórmula Altura = 0,5 por Aceler. de la G por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio”.

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podia retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedi que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

—Bueno —respondió—, hay muchas maneras, por ejemplo: “Tome el barómetro en un día soleado y mida la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si mide a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplica una simple proporción, obtendrá también la altura del edificio”.

—Perfecto —le dije—, ¿y de otra manera?

—Sí —contestó—, el siguiente es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve: “Tome el barómetro ubicándose en las escaleras del edificio en la planta baja. Según vaya subiendo las escaleras, marque la altura del barómetro y cuente el número de marcas hasta la azotea. Multiplique al final la altura del barómetro por el número de marcas que haya hecho y así tendrá la altura”.

—Por supuesto —agregó—, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede hacer lo siguiente: “Ate el barómetro a una cuerda y muévalo como si fuera un péndulo. Si consideramos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero, y tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podría usted calcular, sin duda, la altura del edificio”.

—En este mismo estilo de sistema —continuó—, podría usted manejarse de la siguiente manera: “Ata el barómetro a una cuerda y lo descuelga desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puede calcular la altura midiendo su período de precesión”.

—En fin —concluyó—, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea: “Tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro; si usted me dice la altura de este edificio se lo regalo”.

En ese momento de la conversación le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (La diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares.).

—Claro que sí —me respondió.

—¿Y entonces? —no pude evitar preguntarle.

—Es que durante mis estudios mis profesores han intentado enseñarme a pensar...


El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la Teoría Cuántica.

Al margen del personaje y de lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que le habían enseñado a pensar.

Aclaramos, a los escépticos, que esto es absolutamente verídico.

Enviado por Carlos Javier Mazzera
(Desde Buenos Aires, Argentina)

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