domingo, marzo 16, 2008

CEREBRO ACTIVO = VEJEZ SALUDABLE

“Si uno hace que su cerebro trabaje, envejecerá con salud.”

El Dr. Nolasc Acarín, jefe de neurología del Hospital Valle Hebrón de Barcelona y profesor en la Universidad Pompeu Fabra, ha escrito el libro El cerebro del rey, que incluye temas como la vida, el sexo, la conducta, el envejecimiento y la muerte de los seres humanos.

En una conferencia dada en Valladolid, explicó cómo actuar para llegar a mayores de una manera saludable:

“Envejecer es, cuando menos, un privilegio. El ser humano es el único que envejece, ya que todos los demás animales mueren cuando acaba su facultad de reproducirse, mientras que el hombre llega al doble de esa edad.

“La diferencia se debe a que tenemos un cerebro muy complejo y nuestra conducta tiene que ver con el aprendizaje. Para que eso suceda debe haber maestros, y los maestros suelen ser mayores. Si no tuviéramos que aprender, no habría viejos.

“Por ahora no podemos evitar llegar a viejos, pero si uno hace que su cerebro trabaje, envejecerá con salud. Por eso, generalmente, tienen mejor vejez las mujeres.

“El porqué de esta diferencia es muy simple: ellas no se jubilan. En casa programan, planifican y se encargan de la logística. Los hombres, por norma general, se dedican a ver la televisión.

“Recomiendo estudiar, ir a las aulas de mayores, acudir a conferencias, discutir con los vecinos, valerse por sí mismo, aunque cueste.”


Me permitiré agregar a las recomendaciones del Dr. Nolasc Acarín, aunque no soy médico ni nada que se le parezca, la práctica periódica de actividades ligadas a la Informática.

Se puede comenzar aprendiendo a manejar el correo electrónico, lo que demanda cierta atención y concentración no sólo en lo meramente técnico, sino también en el análisis y comprensión de los textos, así como el aspecto creativo al redactar.

Participar en propósitos colectivos de difusión cultural, social, científica, deportiva, etc., a través de espacios en la Red; dedicación que exige estar alerta, con las neuronas cerebrales en acción, rastreando y elaborando información para su posterior publicación.

Construir un blog, empezando por lo más simple y progresando hasta comprender algo o mucho de códigos, diseño y otros aspectos inherentes a la funcionalidad y estética, así como calidad de contenidos, puede resultar divertido y estimulante, lo que no es poco según mi parecer.

Aquellas personas mayores que se atreven a enfrentar el desafío de utilizar una computadora, aun cuando algunos malsanos prejuicios tratan de hacernos creer que “la Computación es cosa de jóvenes”, se ven beneficiadas en todos los terrenos, ya que avanzar, aprender algo nuevo, actualizarse, es la mejor manera de evitar caer en “desuso”.

Estar activos y vigentes ayuda grandemente a la salud del espíritu y por ende del organismo en general.

Las personas que deseen comprobar el acierto de lo que se afirma en este artículo, pueden hacerlo con un simple clic aquí.

José Eduardo Marini

(Desde Buenos Aires, Argentina)

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viernes, febrero 08, 2008

LA CIENCIA Y UNA NUEVA ESPERANZA

Un reciente artículo científico publicado en LiveScience nos introduce a un mundo tan revolucionario, que la realidad parece una fantasía de la imaginación. La salud es un bien que no se renueva una vez perdido, por eso es tan importante cada avance de la Ciencia en ese vital terreno. Sepa más leyendo el resto de la nota...

Nueva Forma de Matar Virus: Agitarlos Hasta que Mueran
Por Michael Schirber, especial para LiveScience

Una nueva y sorprendente forma de acabar con los virus está siendo investigada, agitarlos hasta no dejar rastro. Al menos eso creen unos científicos que han determinado de forma matemática las frecuencias en las que los virus podrían morir a causa de estas sacudidas.

"La cápsida de un virus es algo así como la concha de una tortuga", dijo el físico Otto Sankey de la Universidad del Estado de Arizona. "Si agitamos mediante vibraciones mecánicas esta cáscara, el virus puede ser desactivado".

Y este científico habla con conocimiento de causa, pues una reciente evidencia experimental ha demostrado que los pulsos láser sintonizados a la frecuencia adecuada puede matar algunos virus. Sin embargo, no es fácil determinar estas frecuencias.

Para agilizar la búsqueda, Sankey y su compañero Eric Dykeman han desarrollado una forma de calcular el movimiento vibracional de cada átomo en un virus encapsulado. A partir de esto, se pueden determinar las más bajas frecuencias de resonancia. Como ejemplo de su técnica, el equipo ha encontrado que el virus de la necrosis resuena fuertemente alrededor de los 60 Gigahertz.

De momento, "este es campo muy nuevo, y hay tan pocos experimentos, que la ciencia aún no ha tenido tiempo suficiente para demostrar su valía", dice el propio Sankey, por lo que tendremos que esperar todavía unos años.

Luego de leer esta información nos ha sucedido algo que quizás también usted experimenta: sentimos una alegría y esperanza muy grandes al pensar que los afectados por el SIDA u otras enfermedades similares estarían en camino de ser curados definitivamente.

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lunes, marzo 19, 2007

GIMNASIA PARA EL CEREBRO

Sepamos un poco más sobre los pequeños olvidos que comenzamos a padecer después de determinada edad y que no llegan a afectar nuestra vida... ¡pero nos producen ansiedad!

Con terror, pensamos que el cerebro empieza a convertirse en gelatina y nos preocupa quedar como la tía Anastasia, que recuerda con lujo de detalles todo acerca de su niñez en Morelia, pero no puede acordarse de lo que hizo ayer o esta misma mañana.

Si esto te suena familiar, no te preocupes, hay esperanza...

Si bien existen muchos mitos en los que equivocadamente relacionamos la edad con la falta de memoria, los neurocientíficos han comprobado que no necesariamente tiene que ser así, que las células se regeneran en el cerebro de los adultos y que, al contrario de lo que se pensaba, la pérdida de memoria no se debe a la edad o a que las neuronas se mueran, sino a la reducción en número y complejidad de las dendritas (ramas de las neuronas) que, a través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas.

Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso.

Es muy sencillo. Así como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian si no se conectan con frecuencia. Y la habilidad del cerebro para procesar nueva información se reduce.

Es cierto, el ejercicio ayuda mucho a alertar la mente; también hay vitaminas y medicinas que aumentan la transmisión sináptica y fortalecen la memoria, sin embargo, nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento: las neurotrofinas.

Las neurotrofinas son moléculas que producen y secretan las células nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables.

Cuanto más activas estén las células del cerebro, mayor cantidad de neurotrofinas producen; esto genera más conexiones entre las distintas áreas del cerebro.


Entonces, ¿qué debemos hacer?

Lo que necesitamos es hacer pilates con las neuronas: estirarlas, sorprenderlas, sacarlas de su rutina y presentarles novedades inesperadas y divertidas a través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído. Además, desafiarlas con crucigramas, juegos como rompecabezas o ajedrez, etcétera.


¿El resultado?

El cerebro se vuelve más flexible, más ágil, y su capacidad de memoria aumenta.


Al leer esto, casi seguro probablemente pienses: “Yo leo, trabajo, hago ejercicio y mil cosas más durante el día, ¡así que mi mente debe estar muy estimulada...!”

Pero la verdad es que la vida de la mayoría de nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas.

Piensa en tu día o semana promedio. ¿Qué tan diferente es tu rutina de la mañana, tu ruta hacia el trabajo, la hora en la que comes o regresas a la casa? ¿El tiempo que pasas en el auto? ¿El tiempo y los programas que ves en televisión?

Las actividades rutinarias son inconscientes, hacen que el cerebro funcione en “piloto automático”; requieren un mínimo de energía y las experiencias pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas tiempo atrás. No hay producción de neurotrofinas.


Algunos ejemplos de ejercicios para mejorar nuestra calidad cerebral

1. Bañarse con los ojos cerrados. Sólo con el tacto, localiza las llaves de agua, ajusta la temperatura del agua, busca el jabón, o el shampoo... Verás cómo tus manos notarán texturas que nunca antes habías percibido.

2. Usar la mano no dominante. Come, escribe, abre la pasta dentífrica, abre el cajón con la mano que más trabajo te cueste usar. Péinate, báñate, píntate, aféitate, lávate los dientes con tu mano no dominante.

3. Leer en voz alta. Se activan distintos circuitos que los que usas para leer en silencio.

4. Cambiar las rutas. Toma diferentes rutas para ir al trabajo, a tu casa, al supermercado, al parque.

5. Cambiar las rutinas. Haz cosas diferentes. Fuérzate a salir, conocer y charlar con personas de diferentes edades, trabajos e ideologías. Experimenta lo inesperado. Usa las escaleras en lugar del ascensor. Sal al campo, camínalo, huélelo.

6. Cambiar las cosas de lugar. Al saber dónde está todo, el cerebro ya construyó un mapa. Por ejemplo, cambia el lugar del recipiente de la basura; verás la cantidad de veces que tirarás el papel al viejo lugar.

7. Aprender algo nuevo. Cualquier cosa puede servir. Aprende fotografía, cocina, yoga, estudia un nuevo idioma. Si te gusta, arma rompecabezas, tápate un ojo para que pierdas la percepción de la profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías.

8. Identificar las monedas. Pon en tu coche una taza con varias monedas diferentes y tenlas a la mano para que, mientras estás esperando en el semáforo, con los dedos trates de identificar la denominación de cada una.

9. Modificar hábitos fijos. Cambia el mouse de la computadora al lado contrario de donde lo usas comúnmente.


¿Por qué no abrir la mente y probar estos ejercicios tan sencillos que, de acuerdo a los estudios de Neurobiología del Duke University Medical Center, amplían nuestra memoria? Y, si tenemos suerte y funcionan, nunca más volveremos a preguntarnos: “¿Dónde dejé las llaves? ¿Y mis gafas?”

Interesante, ¿verdad? Coméntaselo a tus amigos y te lo agradecerán...

M. L. S.

(Desde Puebla, México)

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viernes, diciembre 01, 2006

DE FLACAS Y ANOREXICAS

Alberto, un amigo de propuestas insólitas, me invitó a presenciar un desfile de modas. En primera instancia me negué porque creía que era un mirar femenino para saber cómo deberían vestirse en la próxima temporada, qué colores usar, accesorios que combinaran con lo anterior.

Mi amigo se rió al escuchar estas razones, me miró y me dijo con tono paternal:
— Juan… Juan… como se ve que te falta calle. Al comienzo era como lo estás describiendo, hoy día el desfile es una excusa.

—¿Cómo excusa?, esto no lo entiendo.

—Escuchá, algunas personas van por el interés de saber qué estará de moda, otras van para comprar un modelo exclusivo que usarán una o dos veces y demostrar que tienen dinero, algunas van para espiar y copiar ideas para otros diseñadores, otras para indicar a sus modistas cómo quieren vestirse y otros, como yo, para relacionarse.

—Alberto, ¡vos no tenés nada que ver con la moda!

—No seas tonto, van muchos hombres de negocios llevados por sus mujeres; a este conjunto apunto.

De esta manera fui convencido para asistir al novedoso, para mí, espectáculo de un desfile de modas.

Todos los asistentes éramos tratados como muy importantes. El lugar estaba decorado con muy buen gusto y gran despliegue de elementos tales como: telas, flores y cortinados, envueltos por una música suave, con leve percusión para ir preparando y exaltando el ánimo.

Allí pude apreciar el submundo de los que valorizan y pagan precios muy altos por determinadas marcas. Allí comprendí que el usar cierta ropa era pertenecer a la clase social alta, cuyos miembros aprecian la etiqueta y no la calidad.

Luego del desfile propiamente dicho fuimos a un restaurante exclusivo, donde según Alberto deberíamos concurrir para relacionarnos.

Al lado de nuestra mesa estaban dos matrimonios, el diálogo entre las esposas me enriqueció para conocer un poco más de este mundo para mí hasta entonces desconocido...

Mónica, de unos 50 años, le decía a Susana de similar edad:
—Pensar que a Bárbara la llevaba a los “castings” desde que era bebé; sabía que iba a llegar a ser modelo.

Susana le respondió:
—Mariel comenzó a los 10 años y de casualidad. La veía alta y flaca, dos pediatras me dijeron que era anoréxica. Yo pensé: si ésta va a ser un esqueleto vestido tenemos que sacar partido a dicha situación. Y así fue que la anoté en la agencia de Jacques Subriand y está modelando.

Esto me llevó a reflexionar cómo puede una madre pensar de esta manera, dado que en lugar de tratar
de solucionar un problema de salud a una hija, se servía de la enfermedad para ganar dinero. Luego al regresar a casa y sin proponérmelo, la idea de enfermedad usada como instrumento para ganar dinero me rondaba insistentemente.

Al día siguiente comencé a buscar la manera de relacionarme con modelos y aspirantes a serlo, a fin de
indagar en la mente de las mismas.

Así fue que pude hablar con Kathya, una joven de 1,75 m de altura y 45 kilogramos de peso:
—Cuando yo tenía 12 años observé por TV un desfile y ahí supe que quería ser una de ellas. Me observé en el espejo y me vi gorda. Comencé a dejar de comer, al mes había bajado tres kilos. Mi mamá se preocupó y me llevó al médico, quien me recetó unas vitaminas y una dieta que por supuesto no cumplí.

Sin pensar dije en voz alta:
—El viejo mito de que las vitaminas engordan. Kathya, tenés que saber que no existe ninguna vitamina que engorde.

Ella me respondió:
—Pero mi mamá no lo sabía y quería que tomara dos por día, yo las ponía bajo la lengua y luego iba al baño y las escupía. Como vio que seguía igual me llevó a otro médico que le dijo que era un trastorno pasajero, propio de la edad, que no le diera importancia. Yo odiaba ser gorda, tengo que admitir que mi carácter cambió, pasé a estar malhumorada, agresiva, nada iba conmigo y yo con nadie. Mi familia llegó a pensar que me drogaba. Comencé a estudiar para modelo, aprendí como pararme, como caminar, a utilizar expresiones del rostro, colocación de las manos y cuando tuve oportunidad, como sé que tengo una linda cara, participé en un casting para promocionar un yogurt. Lo recuerdo bien porque me filmaron en bikini tomando ese yogurt al tiempo que una voz “en off” decía: “¡Dos yogures diarios y a tener silueta!”. Yo me reía porque no tomaba ni tomo yogurt alguno. Luego comencé a ser llamada de otras agencias y así fue como surgí como modelo.

—¿Estás contenta con tu cuerpo?

—Me persigue el miedo a engordar, es una obsesión que me paraliza y aísla del resto.

Kathya me presentó a Romina, una chica de unos 22 años, 1,78 de altura y 43 Kg. de peso, muy conocida por los cortos publicitarios que había protagonizado. Con unos hermosos ojos azules que intuí tristes, me dijo sin vueltas:
—¿Qué querés saber?

—Si estás contenta con tu cuerpo…

Se rió y me dijo:
—¿De qué creés que vivo?

—No fue esa la pregunta.

Me respondió, bajando el volumen de su voz:
— No tanto. Las mujeres me envidian y los hombres me ven como un objeto.

Al ver que sus ojos se ponían lacrimosos le pregunté:
—¿Tenés ganas de llorar?

—Sí, lloro cuando nadie me ve.

—¿Te hiciste tratar la depresión que evidentemente tenés?

—¿Para qué?, me van a empastillar y no puedo hacerlo.

El verbo puedo me alertó y le pregunté:
—¿Estás consumiendo…?

—Blanca (cocaína), que es lo que te quita el hambre —respondió sin inmutarse—.

Romina me enseño que hay muchas chicas que tienen como valor máximo su cuerpo y no importa lo que hagan para conseguirlo y mantenerlo. Hablé con muchas modelos y aspirantes a serlo, tienen como denominador común la obsesión por su apariencia. Una sola se reveló como intelectual (escritora), el resto era su cuerpo y nada más.

Busqué en el Manual de Psiquiatría (DSM IV) donde se describe la anorexia y la bulimia, pero salvo el encuadre académico, no me aportaba nada nuevo.

Me conecté con un conocido diseñador, al que llamaré Michel, que accedió de buen grado al diálogo.

—Michel, ¿por qué las modelos deben ser flacas?

—Juan, tu pregunta tiene varias respuestas. Lo primero es una cuestión de imagen. Una flaca puede ser vestida con cualquier modelo. Lo segundo es que lo impuso la industria.

Luego de un breve silencio me dijo:
—Te voy a revelar un secreto. Juan, ¿te diste cuenta que en una década pasamos del tiro alto al tiro bajo en los pantalones?

—Sí, claro.

—¿Te preguntaste por qué?

—No, no lo hice.

—Es una cuestión de dinero para la industria. El pasaje del pantalón de tiro alto al de tiro bajo significó y
significa una ganancia de millones de dólares por el ahorro en telas, accesorios, horas trabajadas en su
confección.

Ahí comprendí. Utilizaban modelos anoréxicas o casi, porque pueden presentar cualquier modelo, en
cambio con una mujer de físico normal no quedarían bien algunos de los modelos presentados. Y eso sirvió para reducir la cantidad de tela empleada y los costos laborales.

En casa me puse a hurgar en algunos libros de arte el ideal de belleza de los distintos pueblos que se
expresaron con los artistas. Allí surge claramente que la mujer era apreciada por la redondez de sus formas (de lo que carecen las flacas), el largo de sus cabellos, gestos y ademanes propios de las mujeres.

Con los medios masivos ese ideal fue cambiando. Los intereses económicos fueron los que incidieron
fuertemente en dicho cambio.

Hacia la tercera década del siglo XX comenzaron las propagandas sobre las mujeres. Para ganar dinero hay que ganar mercado. Comenzó con la propaganda para que la mujer fumara, la incorporaron al consumo de esta droga que es bien dañina, luego lo hicieron con el alcohol.

En la Argentina tuvimos una canción y una película que era una apología clara, evidente y directa para consumir esta droga, cuya letra dice “Fumar es un placer genial, sensual…”.

En los ´60, al consolidarse el mercado femenino bajo la influencia de la propaganda y el consumo, la industria se volcó al público adolescente. La propaganda se focalizó en la asociación entre cigarrillos y deportes y al alcohol con la alegría juvenil.

Ahora vienen por los niños (hay que ampliar el mercado).

La imagen de la mujer había que cambiarla, se debía pasar de la imagen de la mujer de las tres K, como
decían los alemanes (niños, iglesia, cocina), e integrarla al mercado de consumo. Para ello se comenzó con la vestimenta, cambiándosela (de la pollera al pantalón). Hacia los ´50 se impuso que usaran pantalones, la imagen se fue masculinizando en aras de una pretendida emancipación y liberación de la mujer, no lo hicieron desde la singularidad de lo femenino, sino apropiándose de lo masculino (claro, si eran hombres los que hacían la publicidad y manejaban la industria).

Si se miran las películas de los ´50 se ven actrices de buena contextura física y formas rellenas, en los ´60 comenzaron las modelos delgadas (no perder de vista la economía de las telas) y las impusieron como prototipo.

El problema es ver a mujeres de más de 40 años que quieren parecerse en la silueta a una de quince.

La anorexia nerviosa se da en la persona que siente la imperiosa necesidad de adelgazar, con un peso entre el 15 y el 60% de lo que debería tener por edad y altura. El problema es que no se ven delgadas porque tienen distorsionada su imagen corporal. Es común que las anoréxicas sientan frío, tengan desmayos y mareos, y son oscilantes en sus estados de ánimo. La extrema delgadez (más del 60% de pérdida de masa corporal) le ocasiona trastornos, que pueden ser leves, como desaparición de los ciclos menstruales, hasta graves, que llevan a la persona a la muerte.

Hay consenso entre los médicos, que las adolescentes que hacen dietas estrictas y mucha actividad física son candidatas a tener osteoporosis precoz. El máximo de masa ósea se da antes de los 20 años, que es donde se capta la mayor cantidad de contenido mineral. Sin embargo y a pesar de constituir un problema de enfermedad y motivación enfermante para las adolescentes, los medios hoy siguen proponiendo la figura de las anoréxicas como prototipo femenino.

Ante todo lo descripto es saludable, encomiable y digna de imitar –a mi juicio– la decisión que tomaron las autoridades españolas de prohibir que las personas muy delgadas hagan desfiles de modas.

Juan Carlos Mazzera

(Desde Buenos Aires, Argentina)

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